Actuar con el estilo liberador de Jesús.

Ser creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio, con convicción y de manera responsable.
General - Comunidades Eclesiales08/02/2026José Antonio PagolaJosé Antonio Pagola
Mateo-5-13-16

DAR SABOR A LA VIDA

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo transmitan de manera correcta. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Naturalmente, todo esto es importante, pues la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Entendida así la evangelización, lo más importante no es contar con medios poderosos y eficaces de propaganda religiosa, sino saber actuar con el estilo liberador de Jesús.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio. Creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido con convicción y de manera responsable.

Los cristianos hemos confundido muchas veces la evangelización con el deseo de que se acepte socialmente «nuestro cristianismo». Las palabras de Jesús llamándonos a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?



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