
Francisco es la disyunción
La recepciónde Francisco ha sido accidentada, dificultosa, quizás fallida. Está pendiente, en curso.
Un ejemplo. Todos piensan que la cosa de Francisco, su núcleo, su gesto y su criterio, es la unidad. Y puede ser. Pero no. Se puede agarrar al revés. Y es probable que sea mejor tomarlo así.
Propuesta: la gran operación de Francisco es la disyunción. Ese dis es una forma del dos". Y, si me tiran de la lengua y tiramos del lenguaje, es un dos y quizás es también Dios: rayo de luz que separa, primer gesto, la noche del día, tal la creación… pero no vamos por ahí, donde por lo demás hay mucha tela para cortar. Es una dis-gresión.
Disyunción: pasar por la criba. La paja y el trigo. Lo importante y lo menos importante. En una intervención temprana dice el papa argentino algo así como: todo en la doctrina es importante, pero hay cosas más importantes que otras. Mayor y menor. El “magis” de Ignacio de Loyola. “Es por un bien mayor”, como, citándolo, me decía una buena amiga monja y pícara, abriendo posibilidades sagaces. Suelo usar esa frase de maneras astutas y graciosas, pero serias muchas veces. El argumento, mas bien el criterio, abre muchas puertas. “Justifica”, en el sentido preciso del término: lleva a su justa medida.
Separar, saber distinguir para que así se pueda unir , de verdad, lo distinto. ¿Como se “une” de verdad, lo distinto? Pues no se une, esa es la cosa. La tensión subsiste y el amor cubre, a veces, la distancia. Lo verdadero es una rajadura.
De ahí esto tan jesuita y tan Francisco de Francisco : el dis-cernimiento. Separar lo antes cernido, para que nos concierna realmente. Meditar, hacerse presente, confrontar en el eje vertical de lo más y lo menos importante (podría decirse, también, de lo más y lo menos vertical), lo que aparece en la plana y llana imagen, imaginario que nos captura, de lo que realmente nos concierne. Salir del corral del mundo sin escaparse de la vida. El discernimiento: el nombre para el núcleo de los ejercicios espirituales. Gymbros del espíritu, aqui tenéis una rutina.
Se desprenden y/o se presentan , al disyuntar, al discernir las oposiciones polares. Polares y, si se quiere, incluso bipolares. Ya que tan de moda está el termino y no casualmente como patología, y padecimiento: pero donde hay padecimiento, paciencia y pasión:, ahí estamos. En el encuentro de los opuestos.
No hay “síntesis”; nuestras disculpas agradecidas pero tajantes a Hegel. Lo “polar” lo toma, Francisco, entonces Bergoglio, de la realidad que lo divide, pero también de Romano Guardini, alemán de origen italiano (al acercarse a él, diferencie usted lo tano en lo germánico, si puede, lo mismo puede hacer con Francisco). “El contraste”, se llama el libro sobre esto, de los muchos de Guardini, prolífico pensador y podríamos decir agitador de la Alemania, la Europa y la Iglesia del corazón del siglo XX.
Oposiciones polares, valga la redundancia. Resultado de este principio-criterio: un realismo a muerte, una pasión real por la vida. El primado del concreto viviente.
A Freud y Lacan les gustaría esto (al paso, si se me permite, dos devociones de Francisco tomadas y al mismo tiempo puestas en la piedad popular, propuestas por él a la religiosidad que es el psicoanálisis del pueblo: la virgen de Satanudos, oh Lacan; el San José que sueña, oh Freud. Pero esto es para una próxima postal. Y también pueden ser polos opuestos, dado que al final es de un matrimonio de lo que hablamos, José y la Virgen).
Coincidentia oppositorum, pero más aún: no coincidencia de los opuestos. Convivencia con, en, lo contradictorio, síntesis suspendida hasta nuevo aviso, decisiones con la provisoriedad del que avanza decidido pero sin garantías. En apuesta y fidelidad.
Separar la paja del trigo. O sea: distinguir lo inesencial de lo esencial, y en ese movimiento, atravesarlo en lo real concreto viviente. Así es la vida y por eso, separando ilusión de fe, porque la fe es el desengaño, así lo propone la vía de Francisco.




La luz de la fe ensancha el horizonte y reanima pasos de esperanza. Legados de un papa argentino



Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado.






